LOS REPORTEROS
LOS REPORTEROS

35 años de la detención de Henri Parot en Sevilla: el principio del fin de ETA

Por primera vez Arturo Espejo, el teniente general de la Guardia Civil ya retirado que lo interrogó, ha hablado públicamente en Los Reporteros

El arresto desmontó los planes de la banda para hacer volar la antigua Jefatura Superior de Policía en el corazón de Sevilla

CANAL SUR MEDIA 30 marzo 2025

2 de abril de 1990: a media mañana, la caravana de la muerte se dirige por la antigua Ruta de la Plata hacia Sevilla. El plan está estudiado al detalle desde hace meses: el objetivo, los explosivos, los coches, la fuga. Pero un control de carretera rutinario montado por la Guardia Civil a la altura de Santiponce lo va a desbaratar todo y va a evitar una masacre en el centro de la ciudad cuando quedan dos años para que se inaugure la Expo.

En aquel vehículo robado en San Sebastián iba un ciudadano francés que simulaba ser un tal Jean Dominique Feron. Tras esa identidad falsa se ocultaba Henri Parot Navarro, alias Unai, nada menos que el jefe operativo del comando estrella de ETA.

Pese a acumular 39 asesinatos, estaba fuera del radar de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Hasta aquel día de primavera en que fue detenido a unos kilómetros de Sevilla horas antes de lo que podría haber sido la mayor matanza en la historia de ETA. Transportaba más de 300 kilos de explosivos. Su misión era dejar ese Renault 14 en el aparcamiento subterráneo de la antigua Jefatura Superior de Policía en Sevilla y hacerlo estallar.

El guardia civil que siendo capitán lo interrogó tras su arresto, se refiere al atentado contra la casa-cuartel en diciembre de 1987. Fue la acción más macabra cometida por Henri Parot. La explosión mató a ocho personas -cinco niñas entre ellas- e hirió a otras 90. El edificio quedó destruido por los 250 kilos de amonal, 60 menos de los que llevaba cuando fue detenido en Sevilla.

En el historial sanguinario de ETA, el atentado cometido en el centro comercial Hipercor de Barcelona en 1987 fue el que se cobró más víctimas mortales: 21.

35 años después, hemos vuelto al punto kilométrico 809 de la Nacional 609, casi a la altura del Monasterio de San Isidoro del Campo. Y lo hacemos con uno de los ocho guardias civiles que llevaban a cabo el control de carretera aquel 2 de abril. El operativo se había puesto en marcha sobre las 12 y 35 de la mañana y discurría con normalidad.

Unos 15 minutos después, el vehículo del etarra llegó a la cabeza del dispositivo, donde se encontraban José Manuel Cruces y otro compañero. Pasó como un coche más. Siguió avanzando hasta que, en el centro del control, el sargento Joaquín Infantes notó nerviosismo y le ordenó que parase.

Henri Parot asintió con la cabeza al alto, pero lejos de detenerse aceleró de forma inesperada. Alertados, los dos agentes que estaban en la cola del control activaron el sistema de clavos. Esa maniobra sería decisiva. Con tres ruedas pinchadas, el Renault 14 aún trató de seguir su marcha mientras era perseguido en un Land Rover oficial por el cabo primero José Infantes y el guardia civil Adolfo López, a los que hirió con sus disparos a la desesperada. A uno en el brazo y a otro en la espalda.

Descargados los 16 cartuchos de su pistola, colocó el arma “encima del coche y levantó los brazos sin decir nada” antes de que lo tumbaran sobre el asfalto para reducirlo.

Ni un delincuente común ni un miembro de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre. Era una pieza clave para ETA desde 1978, año en que la dirección de la banda lo captó. Tenía entonces 20 años, acababa de terminar los estudios y, al no tener trabajo, la banda le puso un sueldo de 800 francos al mes.

Su bautismo de sangre tuvo lugar el 2 de noviembre de 1978, cuando mató a tiros al constructor de Irún José Legasa Ubiría. Le siguieron otras 38 víctimas mortales. En su historial asesino figura también el nombre de Conrada Muñoz Herrera. Le arrebató la vida el 11 de agosto de 1989 en la localidad granadina donde pasaba las vacaciones -Montillana- al estallarle una carta bomba que iba dirigida a su hijo, un funcionario de prisiones destinado en Las Palmas de Gran Canaria. Fue la única víctima mortal de Henri Parot en Andalucía.

Casi 36 años después de perder a su esposa, Dionisio Bolívar sigue sin entender por qué ETA puso en el blanco a su familia y les destrozó la vida.

La Audiencia Nacional condenó a Henri Parot a casi 99 años de prisión por este atentado, en el que resultaron heridas dos personas. Sumaba así una pena más en su largo historial judicial.

Tres meses después de acabar con la vida de Conrada Muñoz asesinaría en Madrid al teniente coronel del Ejército de Tierra José Martínez Moreno. Fue su última víctima mortal. El 2 de abril de 1990, sintió el frío de las esposas cuando se dirigía a Sevilla con un arsenal oculto en bolsas negras de plástico.

Era el jefe del denominado comando Argala o comando itinerante, una célula integrada sólo por ciudadanos franceses. Cruzaban los Pirineos para ejecutar en España los atentados que les ordenaba la dirección de la banda y después volvían al país vecino, donde llevaban una vida aparentemente normal.

La detención del cabecilla permitió descubrir y desarticular uno de los comandos hasta entonces más desconocidos y sanguinarios de ETA. Durante su declaración Henri Parot delató a los otros dos integrantes del grupo: Jakes Esnal y Frédéric Haramboure, alias Txistor. Estos fueron arrestados ese mismo día en Francia, adonde lograron volver tras sortear el control de carretera en Santiponce y dejar abandonado un vehículo con explosivos junto a la factoría de Construcciones Aeronáuticas en Sevilla. Henri Parot había sido trasladado en helicóptero desde Sevilla a Madrid.

Uno de los ocupantes era el guardia civil Teodoro Leo Menor, que actuó como secretario de las diligencias policiales y plasmó años después el atestado en el libro Cuatro días con un terrorista. Aún recuerda cómo los gamos de la dehesa manchega corrían asustados al paso del aparato.

La toma de declaración empezó a la una de la tarde del 4 de abril y terminó a las 5 y cuarto de la mañana del día 7. Descontado el tiempo para el descanso y la comida, duró 27 horas y 16 minutos. Durante ese tiempo, el etarra hizo gala de una frialdad y una memoria sorprendentes.

La orden era colocar un coche-bomba en la Jefatura Superior de Policía de Sevilla y se la había dado Francisco Mujica Garmendia, más conocido por el sobrenombre de Pakito. Si la organización era capaz de meter un vehículo cargado de explosivos en una comisaría demostraría que podría hacer cualquier acción durante la Expo 92. Así presionarían al Gobierno de Felipe González para que se sentaran nuevamente a negociar, después de que un año antes se hubiera dado por roto el diálogo en las ‘conversaciones de Argel’.

Los dos guardias civiles presentes en la declaración no tienen duda de que la Exposición Universal de 1992 no se hubiera celebrado si Henri Parot no hubiera sido detenido.

Este arresto marcó un punto de inflexión en la lucha contra ETA. No sólo evitó una masacre. La desarticulación del comando integrado por tres ciudadanos franceses impulsó la colaboración de la policía y justicia galas con España. Fruto de ese trabajo conjunto, el 29 de marzo de 1992 fue detenida en la localidad francesa de Bidart la dirección colegiada de la banda, formada por Txelis Pakito, y Fitti.

Ese golpe fue el inicio del declive de la organización, que a finales de 2011 anunció el cese definitivo de su actividad armada y en mayo de 2018 escenificó su disolución. El fin de ETA lo ha vivido Henri Parot desde la cárcel. Le quedan unos años para liquidar la última condena de 11 años por pertenencia a banda armada, impuesta a raíz de que se interviniera una carta que había enviado a la cúpula de la organización en Francia en junio de 2001. Esa misiva llevó a la justicia a sentenciar que el recluso había restablecido la vinculación con la organización terrorista, a la que le pedía atentar contra “edificios enteros vitales para el Estado”.

En la carta, incluyó también un croquis de la prisión en la que estaba en ese momento, la de Córdoba, para que la banda estudiara la posibilidad de sacarlo en helicóptero. No sólo pasará a los anales como el preso de ETA que más tiempo habrá permanecido en prisión.

También figurará como el recluso que puso apellido a una doctrina con la que el Supremo estableció un nuevo criterio de aplicación de los beneficios penitenciarios en la reducción de los años de condena. La doctrina Parot se aplicó a 93 miembros de ETA condenados y a 37 delincuentes comunes, como narcotraficantes, violadores y asesinos. Fue derogada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en octubre de 2013 al estimar el recurso de la etarra Inés del Río. Decenas de reclusos vieron adelantada su excarcelación.